Como un hada maléfica y traviesa,
tras la sombra narra las historias
que el telar muestra.
La malignidad supura su piel,
es suave y tersa, no pareciera
que ningún mal alberga.
Sale cuando la luna,
entre vaivenes de olas
nacidas y varadas en algún charco,
alumbra huellas de algún inocente
que, en su mente, hace dibujos
de lo que sus ojos le ofrecen.
Abstraído, en la trampa del hada,
inexorablemente, se sumerge.
¡Pobre hada, sola se siente!
Pudiera parecer un mal sueño.
Quizás, sólo sea su forma de dar las buenas noches.
O, tal vez, el eco de su dolor creciente.
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