Camino sin rumbo por las calles de la ciudad,
a veces me siento atrapada en las sombras y luces
que me acompañan paso a paso hasta el hogar.
Ya no sé que lugares transitar...
No oigo tu voz y no sé si estará mal,
pero me da un poco igual y
a la vez, mi garganta anudada
intenta respirar.
Quiero oír mi voz pero está tan confundida...
Me gustaría saltar charcos como aquellos viejillos
de Hoppipolla y rememorar las mejores lluvias,
con espadas de madera en las manos
y sombreros de piratas,
parches y carcajadas.
Sin embargo, aquí en el cruce de los cuatro caminos,
sentada bajo el sol abrasador
sigo con dudas.
Espero a la noche, a lo mejor,
con las estrellas y la luna
alguna trémula idea me haga
el mundo un poco más esclarecedor.
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