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domingo, 24 de julio de 2022

4 de enero de 1982

 En ese momento nací yo, 

En la quietud del universo,

Mientras parpadean las estrellas,

Mueren y nacen las que no veo,

Las que no me ven pero yo veo.

En la inmensidad del anonimato,

Donde nadie nombra ni conoce y,

Sin embargo, estamos.

En ese momento nací yo.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Un vampiro más


Siempre hubo uno al que había que sacrificar, lo cuentan los mitos de cualquier rincón. Esta vez le toco a él, el profeta que revolucionaría a romanos y judíos, Jesucristo. Nunca dijo que el poder tenía que recaer en la Iglesia, no dijo que murieran de hambre miles de niños que conviven con la pobreza. Tampoco hablo de la sexualidad, ni pidió dinero a los fieles. El era pobre y creía en la ética. Dentro de él burbujeaban ideas, buenas ideas. Por eso lo crucificaron, le echaron vinagre y sal en las heridas pero no lo mataron. Sólo sale en la oscuridad, la humanidad hace tiempo que la dio por perdida. Hablan de su inmortalidad, de que es un Dios, no lo entiende, llevan su nombre a lo más alto y no hacen ni una mísera de lo que promulgó. Hace tiempo que quiere morir, él nunca pidió la inmortalidad. Él no es un dios. Se alimenta de sangre, últimamente humana, pero eso comenzó en el siglo XX harto de esperar la bondad en la humanidad. Ahora se encarga de decidir la vida o la muerte...pero no es un Dios, sólo espera su muerte y acecha la tuya. Sólo quería un mundo mejor. Lo acribillaron, lo mataron. En esa cueva se despertó, no sabía porque lo había hecho. Tenía hambre, pero un hambre diferente, necesitaba sangre. Humana no, confía en la humanidad. La Inquisición cuanto le dolió y ni un sorbo de sangre probó. Esos sacerdotes se merecían ser alimento del Señor. Él sólo quería un mundo mejor pero...¿Tiene salvación?
No es el profeta de un Dios ni el hijo ni el espíritu. No es Dios, sólo es un inmortal más, harto de serlo. Esperando el final de la humanidad, su final.

lunes, 29 de septiembre de 2008

¿Misterios III?


En frente del espejo, Teresa se prueba sus vestidos, uno tras otro. Mientras, Héctor, se dirige a la joyería, allí se encuentra un colgante, unos pendientes y un anillo hechos de ópalo noble, "cinco años de casados lo merecen" piensa mientras imagina la cara de su bella esposa viendo el regalo. Lleva unos días un poco rara pero supone que será por el aniversario.
Strangers in the night suena en toda la casa cuando Teresa recuerda el ópalo, no concibe como pudo desaparecer de la misma manera que apareció, fugazmente. "Se lo contaré esta noche a Héctor" dice en voz alta mientras siente un gozo enorme, pues estar sola, con tiempo y espacio para ella misma, no es habitual. Cuando vivía sola sí que disfrutaba, llegaba a su casa, encendía el equipo de música y dialogaba consigo misma. Hoy recuerda esos días y disfruta de éste como si fuera uno de aquéllos.
Se mira varias veces al espejo y queda maravillada, se ve guapa, se siente guapa, es guapa. Suena el teléfono, "¿si?...hola cariño...sí, estoy lista...vale, perfecto...hasta ahora mismito". Vuelve al cuarto, frente al espejo, para pintarse pero no lo hace porque, como he dicho antes, se siente guapa y una base más oscura no va a mejorar lo que de por sí es bello.
Héctor toca el portero, Teresa contesta que ya baja. No pasa ni un minuto cuando la ve bajar con ese vestido rojo que tanto le gusta, sus piernas largas y suaves finalizan en unos zapatos de aguja negros charol. Sonríe contenta, sabe el efecto que ha causado. Mira a sus labios y los besa.
En el coche no paran de reír, cantar y parlotear. Son felices pero de esas pequeñas cosas ningún humano se da cuenta, como no son palpables...
Al llegar al restaurante Héctor se baja del coche primero y le abré la puerta a su dama. Ella no para de reírse "Cariño, la galantería es ñoñería, hasta incluso machismo". Se intercambian los papeles,ahora es Héctor el que esboza una sonrisa y mirándola le dice "otra vez con el machismo. Yo me pondría en el suelo para que no mojaras tus zapatos con un charco...¿eso es machismo?". A lo cual responde Teresa, "jajajaja, tú lo harías para verme las bragas". Entran al restaurante radiantes, las mejillas de ambos llenas de color, los ojos brillantes y una sonrisa de oreja a oreja. Piden la mesa que había reservado él hace ya un par de días, se sientan y allí mismo, sin esperar un segundo más, Héctor saca un estuche, se lo tiende a su mujer y ella lo abre, "es...es...es el ópalo". Él la mira y se da cuenta quien le quitó el ópalo de la cartera, "otra vez tu sonambulismo".

sábado, 6 de septiembre de 2008

Misterios II


Teresa, ese día, llegó reventada a la cama. Hay días en que parece que cuando más cansado estás, más te cuesta conciliar el sueño. "La lavadora hace un ruido extraño, tendré que llamar a la fábrica. ¿Cuándo caducará la garantía?. La compré hace un año... o dos. Cómo pasa de rápido el tiempo..." Y las minutos siguen pasando y Teresa no se duerme.
En la madrugada, se levanta y va directa a la cartera que, apoyada en la silla, sigue el ritmo del cuco en la oscuridad. Luego, se dirige a la cocina, un vaso de agua que humedezca su seca garganta. Por último, sus pasos la llevan directa al baño. De ahí, a la cama.
Suena el despertador, comienza un nuevo día con sus acostumbradas tareas. Primero, al baño, luego, a la cocina, prepara su desayuno, recoge la loza utilizada para la cena. Ducharse, vestirse, pintarse, perfumarse. Ahora lo mismo pero con el cuarto. Lista. No. Se ha olvidado lavarse los dientes... Coge el coche dirección al trabajo, gps mental conectado, calle Olivares nº3.
Héctor lleva un día muy tenso. Tiene un mal humor exagerado. Por la tarde desaparece una hora, cuando vuelve regresa con una sonrisa, menos mal, se ha dado cuenta que el sol brilla en su altitud.
A última hora, Héctor levita hacia el escritorio de Teresa y le invita a cenar. Ella encantada, acepta.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Misterios I


Los árboles indicaban que la brisa era tenue. Aquella mañana se disponía a salir - como todas las mañanas- de la casa, cuando recordó que no se había lavado los dientes. Reculó hacia el baño y allí misteriosamente le esperaba un ópalo noble bellísimo, con diferentes colores. Un rayo de luz entraba por la ventana dando brillo a la habitación. Ese día llegó tarde a trabajar. Cogió el ópalo con su mano y se dirigió a su rincón, así llamaba a la habitación donde podía desaparecer para el mundo, encendió el ordenador y entró en google. ¿Qué era esa maravillosa piedra?. Un mineral. Contiene uranio y por eso brilla, ¡Qué asombroso! pensó, luego apagó el ordenador y continuó con su monótona vida..."Me voy a trabajar".
En el trabajo, fugazmente, se acordaba del ópalo, pero hoy Héctor, el jefe, estaba con un mal humor anormal en él. Tendría que quedarse una hora más en la oficina. Buscaba por todos lados "informes" que no había solicitado. Rebuscaba en los escritorios y gavetas esos dichosos informes. Por fin llegó a su casa, directa al rincón...¡El ópalo había desaparecido!